viernes, 14 de octubre de 2016

La increíble historia del enlace Lomelín-Juren

Hace unos meses, nuestro amigo Arcadio Calvo Gómez, cronista oficial de Almagro, me preguntó si tenía datos del matrimonio entre un descendiente de la realeza nazarí llamo Pedro Lomelín e Isabel María César de Juren, quinta generación de los Juren de Almagro (en esta entrada del blog exponemos el linaje completo). Arcadio encontró referido tal enlace en el testamento de Elena Damiana de Juren y Somano Sotomayor, madre de Isabel María, otorgado en 1668. A pesar de ello, misteriosamente tal matrimonio no figuraba en otras reseñas históricas, aun cuando la genealogía de Pedro Lomelín está bien estudiada por haber sido tercer marqués de Campotejar y descendiente de los monarcas nazaríes de Granada. El cronista almagreño incluso había contactado con los actuales poseedores del título en cuyos archivos familiares tampoco aparecía tales desposorios.

Contagiado por la intriga de Arcadio, removimos archivos en busca de las misteriosas nupcias. Así, indagamos en varios archivos que podrían contener información, pero toda búsqueda resultó infructuosa; hasta que en enero de este año y de manera casual apareció un archivo que contenía ciertas alegaciones jurídicas de Pedro Lomelín sobre su hasta entonces olvidado casamiento (1). Curiosamente el documento se hallaba en la Biblioteca de la Universidad Pompeu Fabra (UPF) de Barcelona, lugar en principio poco propicio para indagar sobre un matrimonio almagreño. Sin embargo, la investigación histórica tiene estas sorpresas y los papeles acaban apareciendo donde uno menos espera...

Con vivo interés encargamos a la UPF una reproducción del documento que nos remitieron el pasado 29 de febrero. La lectura del mismo, además de confirmar el enlace matrimonial rastreado por el cronista Calvo reveló un culebrón muy entretenido y de gran interés jurídico-histórico. Un gran embrollo amoroso-judicial que arranca el 7 de mayo de 1642, entre las diez y las once de la noche, cuando Pedro José acompañado de otras personas, acudió a la casa familiar de Isabel, a la que habló por un torno (2) que estaba en el descansillo de las escaleras. El granadino le dijo "que tenía ya todos los despachos necesarios para poderse desposar", indicándole asimismo que estaba junto a él un parocho válidamente apoderado. La enamorada Isabel, creyendo cumplidas las formalidades canónicas, expresó un entregado sí, quiero. Una vez desposada la doncella, "después la sacó de allí el dicho don José y la tuvo consigo cohabitando, y haciendo vida maridables más de treinta meses".

Pero poco duró tan entregado amor, ya que el 20 de junio de 1645 la contrayente interpuso demanda de nulidad de matrimonio argumentando el casamiento fue "irrito(3) y nulo por haberle hecho sin intervenir las diligencias y asistencias necesarias que el Santo Concilio requiere", esto es: no precedieron las publicaciones de rigor ni fueron dispensadas conforme a Derecho; y por falta de legitimación del presunto parocho: "no intervino el Parocho, ni sacerdote que tuviese licencia suya". María Isabel narraba que en vez del Parocho intervino don Juan Antonio Zapata, quien posteriormente había manifestado "el escrúpulo en que estaba, por haber hecho un acto semejante".  Además, la novia arrepentida alegaba que durante su vida marital Pedro le aseguraba "era fácil salir del matrimonio, porque no estaban casados". Por estos motivos, la joven solicitó la nulidad con la restitución de sus bienes y demás efectos que tal declaración conllevase.

Iniciada la acción, la Iglesia nombró a un fiscal en defensa del vínculo y se nombró un defensor para don José Pedro, quien se encontraba ausente. Una cuestión central para la validez del matrimonio resultaba de la autoridad del parocho para casarlos, respecto a lo cual hubo tres testificales contradictorias de un testigo presencial, del licenciado encargado de escribir el matrimonio y del cura al que le pidieron licenciase al presunto parocho. Como veremos a continuación, los testigos se contradicen entre sí respecto a quién fue licenciado para casar a Pedro e Isabel.

En primer lugar, declara don Juan de Salas Capel "que se dio la licencia para asistir al desposorio a don Juan Antonio Zapata, clérigo muy conocido, y a quien el testigo, y todos, dice que conocía".

Por contra, el licenciado Diego García de Valdés, encargado de inscribir los matrimonios, adujo "que la licencia se dio a un clérigo, que dijo llamarse don Juan de Benaval, a quien este testigo no conocía, ni conoció, hasta la noche del desposorio, y que él mismo se nombraba así" (...) "cuyo nombre y apellidos tomó por escrito para escribir las certificaciones en el libro".

Por último, el cura contesta que "quien le pidió licencia fue el mismo don Juan de Benaval, y que por no conocerle envió a Diego García de Valdés para que tomase la razón y le industriase"

Para añadir confusión  en esta cuestión, don Pedro Lomelín negó conocer a los referidos Juan Antonio Zapata y Juan de Benaval, sino afirmó haber pedido licencia para el primer testigo del pleito, Juan de Salas Capel: "que para quien pidió licencia fue D. Juan de Salas Capel, a quien llevó para eso, porque a Juan Antonio Zapato no le había conocido ni tratado".

Seguidos los trámites jurídicos de rigor, las pretensiones de Isabel María fueron atendidas: "Y por tres sentencias conformes, se declaró y dio por ninguno [nulo] ab initio el dicho matrimonio, y a los contrayentes por libres, para que pudiesen libremente disponer de sus personas, de lo que se despacho ejecutoria".

A pesar de lo anterior, el pleito revivió y tornó en complejo via crucis procesal, pues el 20 de julio de 1650 el mismo promotor fiscal que había actuado en la anterior, puso una nueva demanda alegando que la Iglesia había sido engañada y sentenció sobre hechos falsos y testificales igualmente engañosas propuestas por la mujer. El fiscal identificaba a Juan Antonio Zapata como Juan Antonio Zapara Arnao y Benaval contaba con válida licencia del parocho. Además de ello, el fiscal argumentó un defecto de forma por no haberse citado personalmente ni emplazado a Lomelin para las dos últimas sentencias. De tal modo, Fiscalía solicitaba se declarase lícito el matrimonio "y se mande que los contrayentes se junten, y hagan vida maridable".

Como fuerza probatoria el fiscal aportó el testimonio de cuatro personas que conocían dichos hechos "de oídas a don Juan de Salas Capel", testigo en la primera causa. Recordemos que en el primer juicio De Salas Capel había manifestado que se dio licenciar para casar a Juan Antonio Zapata, mientras que el licenciado García de Valdés y el sacerdote hablaban de Juan de Benaval -en el colmo de la confusión Pedro Lomelín afirmaba haber solicitado el apoderamiento para el mismo testigo Juan de Salas-. Pues bien, parece que los nuevos testimonios aportados en el cuarto juicio afirmaban haber escuchado a Salas Capel decir "que fue una misma persona don Juan Antonio Zapata y don Juan de Benaval (aunque en la ocasión se mudó el nombre (como dice que lo reparó él mismo y le preguntó la causa después, y que le respondió que también se llamaba Arnao y Benaval)".

También pedía el Ministerio público se tomase declaración a Isabel, quien lo hizo el 3 de octubre del mismo año ante don Jose Beno de Rey para defender la validez del vínculo: "La cual hizo una declaración larga de todo el hecho, y en lo tocante a este punto dice que los desposó don Juan Antonio Zapata Arnao y Benaval, que fue el clérigo, que tenía licencia del cura, y que con la luz que había por la parte de adentro del torno, el dicho don José Pedro Lomelín vio a la declarante, y por el resquicio se dieron las manos, y la declarante vio que le la daba a dicho don José" (...) "por un huevo que había entre las tablas y la pared"

En esta ocasión sí fue citado Pedro Lomelín, quien acudió a declarar, aceptó expresamente las sentencias anteriores de nulidad y alegó la excepción de cosa juzgada para invalidar un cuarto pleito sobre el particular. El noble nazarí narró las hechos de manera muy diferente a su antigua pareja: "Que respecto del dicho lugar donde se trató de hacer el dicho desposorio, ni los testigos vieron ni pudieron ver a la dicha doña Isabel, ni asistir con la noticia necesaria, que es otra nulidad no menos eficaz, sobre lo que hizo bastante probanza en plenario".

Cuando parecía que las posturas estaban claras, una nueva sorpresa vino a girar de nuevo la situación. A petición de Lomelín, doña Isabel declaró una segunda vez en la que se desdijo completamente de sus últimas manifestaciones y las achacó a presiones de su padrastro: "ha declarado todo lo contrario, y que la primera declaración la hizo forzada, con persuasiones de su padrastro, dando de todo razones eficaces, con que acredita su verdad." Tras este espectacular cambio de Isabel, don Pedro José pidió no tenerse en cuenta su primera declaración por haber "evacuada, y desvanecida, y sin crédito alguno". Lomelín solicitó a la Justicia canónica se denegase las peticiones del Fiscal quedando nulo el matrimonio conforme a las tres sentencias ya dictadas: "Que se ha de denegar lo pedido por el Promotor Fiscal, declarando no haber lugar la restauración que pretende, del matrimonio declarado por nulo, por tres sentencias conformes", "en favor de su libertad y de la cosa juzgada".

Por ahora no sabemos a ciencia cierta cómo acabó este tremendo embrollo jurídico, pues disponemos de datos contradictorios. En primer lugar, las genealogías del marido (incluimos el archivo familiar del Marquesado de Campotejar) no reflejan el matrimonio. Ello, unido a las tres sentencias conocidas de nulidad, parece indicar que se acabaría confirmando la nulidad matrimonial. Sin embargo, un elemento rompe dicho esquema, pues nos indica nuestro amigo Arcadio Calvo que Elena Damiana, madre de la contrayente, en su testamento del año 1668 hace constar que su hija "Doña Isabel María, Marquesa que es de Campotejar ...era mujer del Señor Marqués Dn. Pedro de Granada Venegas y Lomelín", añadiendo además: "Y para cumplir y pagar este testamento dejo y nombro por mis albaceas testamentarios a los señores Dn. Pedro de Granada Venegas y Lomelín marques de Campotejar..." Por lo tanto, queda vestigio documental del matrimonio más de viente años después de interpuesta la primera demanda de nulidad matrimonial. Quizás algún día aparezca un olvidado legajo judicial y estemos en disposición de terminar esta entrada, mientras tanto disfrutaremos de esta interesante y por ahora inconclusa historia.

(1) Por don Ioseph Pedro Lomelin con el promotor fiscal eclesiastico sobre la revocacion intentada per viam quaerella de las tres sentencias conformes en que se dio y declarò por nulo abinitio [sic] el matrimonio entre el dicho don Ioseph Pedro Lomelin y doña Isabel Maria Escaçuola i Iurèn.-- [s.l. : s.n., 1650 o post.]
    23, [1] h. ; Fol. (29 cm)
   3.10.1650 es la fecha más moderna citada en el texto.
   La última h. en bl.
   Sign.: [ ]2, B-M2.
   Anagrama de Jesucristo en port. y capitales ornadas.
   Id. tipográfica: s-e- s,on ur0. addo 3 1650 o post.Q
Alegaciones (Derecho canónico)-S. XVII.
Escasuola y Jurén, Isabel María.
España

Núm. de identificación: CCPB000548538-X

(2) Torno. Cabina cilíndrica con divisiones verticales que se coloca en el hueco de una pared y que al girarlo sirve para intercambiar objetos entre personas sin que estas se vean, usado especialmente en los conventos de clausura.

(3) Nulo; sin validez ni fuerza obligatoria. Se refiere al matrimonio canónico que adolece de defectos que lo hacen nulo o anulable.

Autor: Rafael Delgado Maldonado de Guevara
maldocanaz@gmail.com
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