domingo, 25 de septiembre de 2016

Los Gudiel de Madrid y Nuestra Señora de Atocha

El próximo domingo 2 de octubre, como todos los primeros domingos de dicho mes, se celebrará en su Real Basílica-Parroquia madrileña la Solemnidad de Nuestra Señora de Atocha. Es estas fechas rescatamos una tradición que vinculó a la rama madrileña de los Gudiel con la Virgen de Atocha desde la Baja Edad Media hasta la Guerra de Independencia librada a principios del siglo XIX contra los franceses.

El linaje Gudiel fue un tronco familiar de singular importancia en Toledo durante la dominación musulmana, pues ejercían la alcaldía de los mozárabes (cristianos que mantenían su fe en la Iberia mahometana) y más tarde ayudaron a afianzar la autoridad castellana tras la Reconquista por Alfonso VI en el año 1085. Cuenta la leyenda, que no es historia fidedigna pero sí revela el gran prestigio de la familia entre los mixti-árabes toledanos, que fueron los Gudiel quienes trasladaron los restos de San Ildefonso de la Ciudad Imperial a Zamora en el año 718, así como los encuadran en los los míticos cuatro linajes originarios de la mozarabía toledana. Una rama de dicha familia se estableció en Madrid en tiempos de Pedro I (1350-1369) [1], naciendo una estirpe matritense que también allí ocuparía cargos relevantes durante siglos y con casa solar en la parroquia de San Ginés.

[1] MONTERO VALLEJO, Manuel. Oficios, costumbres y sociedad en el Madrid bajomedieval. Revista de Dialectología y tradiciones populares. Tomo 56, Cuaderno 1. CSIC, 2001. P. 31

Los hechos que nos ocupan ocurrieron pocos años después de su llegada a Madrid, durante el reinado de Enrique II, hermano del citado Pedro. Resultó que el monarca convocó Cortes en Burgos para el año 1374, y Madrid envió como procurador al regidor Diego Fernández de Gudiel, descendiente de los homónimos toledanos. Numerosas fuentes recogen un hecho tenido entonces por milagroso y que estaría vinculado con la devoción a la Virgen de Atocha hasta el siglo XIX, aunque más tarde su memoria se fuera difuminando hasta el presente olvido.

Existen numerosas versiones del suceso que coinciden en lo esencial, aunque difieran en algunos detalles anecdóticos, que no restan verosimilitud a unos hechos que podemos tener por históricos, más allá de que algunos autores le añadiesen ornamentos de cosecha propia. En resumen, resultó que en la pensión donde moraba Gudiel y otros cargos, en marzo de 1374 estalló una refriega entre los criados de Sancho de Castilla, Conde de Alburquerque y hermano del Rey, y los de Pedro González de Mendoza, importante noble de dicha Casa. El conde Sancho intervino para apaciguar la trifulca con tan mala suerte que una lanzada le alcanzó el rostro y falleció.

Aunque no se conocía la mano homicida, el enojado rey Sancho ordenó decapitar a varios de los presentes, empezando por Fernández de Gudiel, el personaje de más alto rango que se encontraba en la posada al momento de producirse la muerte. Camino de la ejecución y mientras se encomendaba a la Virgen de Atocha rezándole con una estampa que siempre le acompañaba, sucedió que le vio en la 'calle tenebrosa' [1] el judío Mosén Román, contador mayor de Castilla. Román era vecino de Gudiel en Madrid y le tenía aprecio, con lo que rogó a los verdugos no tuvieran prisa y marchó a pedir clemencia al Rey. Enrique el enfermo escuchó el alegato del contador, quien insistió en la inocencia de Gudiel y su buena condición, y tuvo a bien perdonarle la vida. Román retornó corriendo al patíbulo junto con un repostero de camas[2] que portaba el anillo del monarca para certificar la decisión regia. Aunque muy agradecido con su vecino, Diego Gudiel declinó el perdón real ya que sus compañeros, igual de inocentes que él, esperaban la muerte y no podía abandonarlos en dicho trance: Estos caballeros vinieren a ayudar a defender mi possada, avemos estado en una compañia; nunca pleque a Dios yo los dexe en este camino. Y bolviendose al pregonero dixo: Tira, y di tu pregon, anda, que yo no quiero gozar de la vida.

[1] Calle Tenebrosa o Tenebregosa, tramo de la actual calle Fernán González que abarcaba desde la Iglesia de San Nicolás hasta la Puerta de San Martín. Debía su nombre a “la excesiva oscuridad que le daban los amplios y bajos saledizos de sus casas” y formaba parte del segundo tramo del camino francés en Burgos. Datos recogidos en Guerrero Navarrete, Yolanda. Estructura Urbana de Burgos en el siglo XV, capítulo recogido en Homenaje al Profesor Juan Torres Fontes, Volumen I. Edición conjunta de la Universidad de Murcia y la Academia Alfonso X el Sabio. Murcia, 1987. Pág. 738.
[2] Servidor de la casa real que mullía los colchones y guardaba la puerta de la antecámara. El cargo gozaba de gran prestigio social y se encomendaba a personas de mucha confianza con el monarca.

Conmovidos los presentes, Mosén Román pidió a los verdugos un nuevo aplazamiento en tanto que daba cuenta de los nuevos hechos al monarca, quien impresionado ante la nobleza de Diego Fernández decidió liberar a todos los condenados. Las crónicas de la época achacaron el perdón a la intercesión de Nuestra Señora de Atocha, de la cual eran muy devotos tanto Enrique II como Diego Fernández de Toledo. Autores más modernos especulan con una decisión política, por lo impopular de decapitar a un personaje que a buen seguro ganaría fama con tamaña gallardía y respecto del cual además no había más prueba que el afán de escarmiento.

Sea como fuere, Gudiel cumplió con devoción una promesa realizada a la Virgen camino del cadalso si le libraba de la muerte: caminar descalzo y con los manos atadas desde Burgos hasta su ermita en Madrid, liberándose de sus ligaduras únicamente para comer. Lo peculiar de la procesión, así como la notoriedad que alcanzó su proceder, hizo que las gentes de Castilla siguieran con devoción su caminar, hasta que llegó a su ermita donde depositó la soga que sería exhibida durante siglos junto a una tabla que representaba la asombrosa historia.

Los descendientes de Diego Fernández continuarían ejerciendo como regidores en Madrid. Así, por ejemplo su nieto Francisco de Gudiel fue regidor del Concejo (posiblemente desde principios de octubre de 1475 en sustitución de Rodrigo Alonso de Oviedo) hasta que renunció el 23 de febrero de 1478 cuando le sucedió Luis de Alcalá. [1] Francisco de Gudiel, quien también ocupó la alcaldía del Castillo de Burgos, contrajo matrimonio con María de Toledo, fruto del cual tuvieron a Diego Gudiel de Toledo, admitido como paje en la Corte en 1498. Gudiel de Toledo renovó la ofrenda de su bisabuelo a la Virgen de Atocha en 1569 -quizás la soga original estaba podrida y necesitada de recambio-, lo cual demuestra que los hechos fueron célebres durante generaciones y sus descendientes cuidadosos en la memoria.

[1] CASTELLANOS OÑATE, José Manuel. El regimiento madrileño (1465-1515). Anales del Instituto de Estudios Madrileños. Tomo XXX. CSIC, 1991, Madrid. Pp. 

Diego Gudiel se enlazó con María II de Vargas, de los Vargas madrileños, descendientes de Iván de Vargas, a quien la tradición tiene como patrón de San Isidro Labrador. Por esta razón su familia gozaba de una llave del sepulcro del santo anexa a la Casa de Iván de Vargas (San Justo, Madrid) que debía heredar el primogénito de la familia: el experimentado capitán Martín de Vargas, heroico defensor del Peñón de Argel y martirizado por Barbarroja en 1529. Muerto sin sucesión Martín, la llave pasaría a su hermana Ana I de Vargas, quien también fallecería sin hijos. Después de varios pleitos familiares, los Gudiel de Vargas (descendientes de Diego Gudiel y María de Vargas) adquirirían la propiedad y la llave mediante sentencia de 1596 ejecutada en 1598. Este blog contiene entradas monográficas tanto sobre la genealogía de esta rama familiar como acerca del tracto sucesivo de la Casa de Iván de Vargas con la llave. De esta manera, el linaje Gudiel de Toledo reunió a finales del s. XVI dos centenarias tradiciones relacionados con populares advocaciones madrileñas: la llave del sepulcro de San Isidro y la casa de de su patrón Iván, y el perdón de Diego Fernández de Gudiel por intercesión de la Virgen de Atocha. Es más, los Vargas de Madrid también conservaban en su memoria familiar un indulto de Enrique II a su antepasado suyo, Hernán Sánchez de Vargas, quien condenado a muerte igualmente clamó misericordia a Nuestra Señora de Atocha y salvó su vida, en unos hechos muy similares a los que acontecieron con Fernández Gudiel y que este blog tratará en su momento con entrada propia. Aquí debemos destacar también que la devoción al Santo labrador y a la Virgen de Atocha siempre tuvieron papel destacado en la Casa Real española.

Durante el siglo XVII los Gudiel de Vargas mantuvieron viva la tradición de su ancestro salvado en Burgos, lo que conocemos porque varios autores tratan el asunto remitiéndose a documentación que obraba en la familia; y numerosos compilaciones sobre la Virgen de Atocha y milagros diversos hacen mención a los hechos. Por desgracia, la soga y la tabla que reproducía su historia se perdieron en la Guerra de la Independencia -como tantas otras cosas-, difuminándose poco a poco la memoria de Diego Fernández de Gudiel y en el siglo XX apenas encontramos referencias a una historia que fue famosa durante más de cuatro siglos, y que inspiró incluso poemas y piezas teatrales.

Con esta entrada pretendemos rescatar una historia olvidada hace mucho, para lo cual reproducimos a continuación varias versiones de la misma:

DE PEREDA, Francisco. Historia de la Santa y Devotissima Imagen de nuestra Señora de Atocha. Valladolid, por Sebastián de Cañas, 1604. Tercera parte. Pp. 143-146

Capítulo III. De la milagrosa libertad de Diego Fernandez Gudiel

Gran testimonio de la antigua santidad desta santa imagen, de la mucha devocion que le tuvieron siempre los fieles, y del gran patrocinio, y favor que la soberana Virgen les hazia por ella, pues en sus trabajos y negocios mas desesperados, acudian a pedirle favor, y hallavan en ella socorro, y remedio. No se sabe lo que fue por discurso casi de 600.años, porque la primera memoria que se halla despues de aquel gran milagro del año de 1278. es del año de 1364.quando celebrando Cortes el glorioso Rey don Enrique el enfermo, aquel dicho año en Burgos, aura 238.años, siendo Procurador por Madrid Diego Fernandez de Gudiel Regidor, vezino del lugar, noble cavallero, y religioso siervo, y devoto de Nuestra Señora, y mucho desta santa imagen; acaecio que en su posada sucedio un ruydo, en que mataron un Cavallero. Ofendiole mucho el Rey: y mando con mucho rigor, que se hiziesse justicia. Prendieron a Diego Fernandez, como el mas principal morador de la casa, y con el otros cinco Cavalleros Procuradores de Cortes, que a la sazon le acompañavan. Proceden los juezes en la causa, y la sospecha que huvo del Diego Fernandez y de los que estavan con el, se esforço demanera, que aunque no tenían culpa, los condenaron a muerte, y sentenciaron a cortar la cabeça publicamente, no obstante que eran inocentes. Llegose la hora en que les leyeron a todos la sentencia, que por verse tal sin culpa les lastimo mucho. Y el Diego de Gudiel, con la fe que tenia en nuestra Señora, que era muy de veras su devoto, y gran servidor desta santa imagen, abrio las Oras que traia siempre consigo, y arrollinado a una estampa de Nuestra Señora que traia en ellas en un papel, llamo con muchas lagrimas, y mucha ternura a Nuestra Señora de Atocha, suplicando la favoreciesse su inocencia, y prometiendo con voto, que si Dios le librava de la muerte, vendria a visitar esta santa imagen a pie, descalço, y en la forma que le sacassen a justiciar. Oyo la Virgen clementissima sus gemidos, y inclinose a sus lagrimas, que las mira la Reyna de misericordia con  grande amor en los ojos de sus devotos. Y para que se viesse como su misericordia era la que le remediava; no huvo medio con que se estorvasse la execucion de la sentencia, sino que los sacaron a todos seys con sogas al cuello, y atadas las manos para degolarlos por la sentencia. Acaso vivia en la calle por donde passavan Mozen Romano, un Judio principal vezino de Madrid, que era Contador mayor del Rey, q como vio el expectaculo tan triste, lastimose mucho de ver a su vezino y amigo: y determinase de suplicar al Rey le perdonasse, y con este animo rogo al juez q yva a executar la sentencia, que se fuesse de espacio, porq el yba a suplicar al Rey perdonasse a Diego Gudiel, que entendia no tenia culpa, y fue con mucha diligencia. Represento al Rey la bondad y buen término del hombre, que era gran testimonio de su inocencia, y tan buenas razones hablo, y con tan buen modo, que se persuadio el Rey, y le perdono, y sacado el anillo se lo dio para que se le dio para que le llevasse al juez, y por aquella seña le diese libertad: que desta manera movia la Virgen soberana la lengua del Judio, y el coraçon del Rey. Vino contentissimo el Contador, y presento su seña, y conociendola el juez, obedecio luego: y mando ponerle en libertad. Mas el Diego Fernandez, que era de muy noble animo, y sangre, agradeciendo mucho al Judio el buen oficio que avia hecho por el, no quiso usar de la gracia, sino dixo al juez, q procediesse adelante con la execucion, que pues morian aquellos cavalleros, que no tenian culpa como el, que no queria el escusarse de morir con ellos. Parecieo a todos tan bien la nobleza de Diego Fernandez, que todos se lastimaron de nuevo. Y el judio bolvio segunda vez al Rey, y dandole cuenta de la nobleza de Diego de Gudiel, y de la inocencia de todos, y de la gran lastima que avian en la ciudad de ver morir sin culpa seys cavalleros tan honrados, le movio demanera, que concedio el perdon para todos, y mando a un repostero de camas, de su casa, que fuesse corriendo al cadahalso, y dixesse al juez, q el Rey los perdonava a todos. Llego el criado del Rey a muy buen tiempo, y el juez obedecio luego el mandato del Rey, y pusolos a todos en libertad. Conocio Diego Fernandez, q la Virgen soberana le avia hecho esta tan gran merded, y confessolo luego, dando gracias a Nuestra Señora de Atocha, y con sus compañeros al Judio, que tan gran benefico les hizo. Y otro dia lo mas presto que pudo partio de Burgos a cumplir su voto, y vino a esta santa casa, a presentarse a la devota imagen de Nuestra Señora de Atocha, con la soga al cuello, a pie, descalço, y atadas las manos, que nunca consintio desatarselas, sino para comer. La devocion que tenia era tan grande, que do quiera q iva gente predicaba la misericordia, que la madre de Dios de Atocha le avia hecho, y a todos movia a devocion. Ansi llego a esta santa capilla, y dexo en memoria desta libertad y reconocimiento, la soga con que yva atado, y hizo escrivir, y pintar el milagro en una tabla, y ponerlo con la soga, en la santa capilla, que ha durando hasta nuestros dias, haviendo sido en Burgos en diez de Março, del año de mil treszientos y sesenta y cuatro, que cumple aora el de mil seyscientos y dos, cuando esto se escrive dozientos treinta y ocho.


LÓPEZ DE HARO, Alonso. Segunda Parte del Nobiliario Genealógico de los Reyes y Títulos de España. Madrid, por la viuda de Fernando Correa de Montenegro. 1622. P. 455

"Deste Cavallero Hernan Gudiel parece aver sido hijo Diego Hernandez Gudiel vezino y Regidor de la Villa de Madrid, q el año de 1374. se hallo en la ciudad de Burgos por Procurador de Cortes de la villa de Madrid, donde fue muerto el Conde don Sancho en un ruido que se levanto en el barrio de Santiesteba sobre reconocer las espadas los criados del Conde, y los de Pedro Gonçalez de Mendoza, dando al Conde don Sancho una lançada por la cara, sin ser conocido junto a la posada del dicho Diego Fernández Gudiel, al qual hazia cargo desta muerte, y queriendo el Rey don Enrique hazer justicia de los agressores que se avian hallado en la muerte del Conde don Sancho, se ofrecio este Cavallero Diego Hernandez Gudiel con grande devocion a Nuestra Señora de Atocha de la villa de Madrid, suplicandole le librasse de la muerte, pues estava salvo, que el prometia de visitar su santa Casa a pie, de la manera que le cogiesse el perdon del Rey, y assi lo cumplió como lo manifiesta una tabla deste milagro, que se vee entre las demas tablas, y milagros que ay en esta Real casa, y se escrive en la Cronica del Rey don Enrique el II.año 8.cap.II."

DE QUINTANA, Gerónimo. A la muy antigua, noble y coronada villa de Madrid. Historia de su Antiguedad, Nobleza y Grandeza. Tomo I. Imprenta del Reyno. 1629. Libro Segundo. Pp. 224-225

"Y si bien es su origen en Toledo, con todo esto estan de muy antiguo avezindados en esta Villa, en cuyos padrones se halla este apellido en la parroquia de San Gines, porque por el año de mil y trescientos y setenta y cuatro se halló por Procurador de Cortes della en las que celebró en la Ciudad de Burgos el Rey don Enrique Segundo, Diego Fernandez de Gudiel, Regidor de MADRID, de quien refiere Pereda en el libro de la Patrona deste pueblo, y una memoria antigua, que esta en el Convento de Nuestra Señora de Atocha, desde quando era hermita, que possando este cavallero en el barrio de Santisteban, donde dieron aloxamiento a los Procuradores de las ciudades, sucedio, que un Domingo estando el Rey en Misa en la posada de Diego Fernandez de Gudiel, se levantó una gran question sobre reconocer las espadas los Criados del Conde don Sancho, y los de don Pedro Gonçalez de Mendoza, y se encendió de tan fuerte, que obligo a don Sancho Conde de Haro, de Ledesma, y de Alburquerque, hermano de su Alteza a salir a sossegar el ruido, y poner paz, y entrando a despartir fue tan grande la desgracia, que quedó muerto de una lançada que le dieron por la cara sin conocerle. Sintiólo el Rey como era justo, y mandó prender seys procuradores que se hallaron presentes, y que se hiziesse justizia con los culpados. Llegó el negocio a término, que les mandaron degollar, y leyendoles la sentencia, era uno dellos nuestro Diego Fernández de Gudiel , que siempre fue devoto de nuestra Señora de Atocha, y traia en sus oras una estampa suya, abriólas, y de rodillas delante dellas con tiernas y afectuosas lagrimas prometió, que si le librava vendria a visitar su santa ermita, de la manera que le sacassen a justiciar a pie y desçalzo.

Llegó el caso a la exucucion, y llevandolos por la cal tenbrosa a degollar, un judio que posava en ella, y se llamava Mosen Romano contador Mayor de Castilla, compadecido del, baxó, y rogó a los ministros de justicia, que se fuessen poco a poco, porque queria ir a suplicar al Rey por la vida de Diego Fernandez de Gudiel; pusolo por obra con presta diligencia, y su Alteza le hizo merced della, y le dio su anillo en señal, embiando tras el un repostero de Camas, para que de su parte lo dixesse a la justicia. Llegó con mucha prissa al cahadalso el Contador, mas no le quisieron dar credito, hasta que llegando el repostero certificó de la verdad, con lo qual la justicia le dixo: que le tomasse. Entonces el Contador llegó a Diego Fernandez de Gudiel, y diziendole: Señor, el Rey os haze merced de la vida a mi suplicacion. Respondio: Yo os tengo en merced la buena obra que me quereis facer, no voy en tiempo de poderoslo pagar, pero mando a mis hijos, y los que dellos vinieren que hagan con vos, y con los vuestros como vos quereis facer conmigo. Estos caballeros vinieren a ayudar a defender mi possada, avemos estado en una compañia; nunca pleque a Dios yo los dexe en este camino. Y bolviendose al pregonero dixo: Tira, y di tu pregon, anda, que yo no quiero gozar de la vida. El Contador viendo esto, rogó a la justicia no la executassen hasta dar cuenta de lo que passava al Rey; el qual siendo sabidor dello, movido de piedad, que le inspiró nuestra Señora en su coraçon los mandó soltar a todos, y Diego Fernandez de Gudiel cumplio su promessa, viniendo desde Burgos a su santa Ermita las manos atadas, que nunca las consistio desatar, sino era para comer a pie y escalço la soga al cuello, dexandola en ella en memoria deste beneficio. Donde de passo es bien se pondere el valor gran de deste Cavallero y la grandeza de animo, pues teniendo igualmente abierta la puerta de la vida y de la muerte, escogio antes entrar por esta, menospreciando el vivir, que faltar en trance tan apretado a la correspondencia devida a una verdadera amistad.

DIARIO DE MADRID, 21 de noviembre de 1814, núm. 325, p. 566

"En la capilla de esta gran señora estuvieron colgadas hasta la entrada de los franceses la soga y una tabla que declaraba que yendo a ahorcar al caballero Gudiel, regidor de Madrid, por haber sucedido en su casa un alboroto en que fue muerto el duque de Alburquerque, hijo natural de Alfonso Onceno, se encomendó a la Virgen, de quien era devoto, manifestándola su inocencia, y como al subir al cadalso llegó el perdon, vino Gudiel a dar gracias a nuestra Señora de Atocha en la misma forma que le llevaban al suplicio con la soga al cuello, los pies descalzos, y atadas las manos."

EL CORREO: Periódico Literario y Mercantil, 7 de diciembre de 1831, núm. 533, pág. 2

"-1374- El Rey d. Enrique llamó a Cortes para Burgos, y fue por procurador de Madrid Diego Fernandez de Gudiel, que era regidor. Un domingo estando el rey en misa se levantó una revuelta entre los soldados de Pero González y los de D. Sancho, hermano del Rey, conde de Haro de Ledesma, de Alburquerque: quiso este sosegarla y le mataron. Fueron presos los procuradores en Cortes por haberse hallado presentes y condenados a degollar. Diego Fernandez de Gudiel se encomendó a nuestra Señora de Atocha, cuya devocion tenia, como natural que era de esta villa y sacándolos a ajusticiar por la calle Tenebrosa, pasaba por ella un judío, que también era de Madrid, llamado Mosen Romano, contador mayor de Castilla, el cual conociendo al regidor rogó a los ministros que fuesen despacio, y él caminó a pedir al Rey la vida de Diego Fernandez de Gudiel, el cual se la concedió; y le dió su sortija y un reposterio de camas para que fuese pedir el perdon. Llegó el contador con la nueva, y Diego Fernández le respondió: "En merced os tengo la buena obra que me quereis facer: no voy en tiempo de podérosla pagar, pero mando a mis hijos y a los que dellos vinieren que hagan con vos y con los vuestros lo que vos quereis facer conmigo. Estos caballeros vinieron a defender mi posada, habemos estado juntos en una compañia; nunca pleque a Dios que yo los deje en este camino. Tira, pregonero, y di tu pregon, que no quiero gozar de la vida." Volvió el contador a dar aviso al Rey de lo que pasaba, que movido a piedad otorgó las idas a todos; y Diego Fernández, atribuyendo (como debia) este suceso a la virgen de Atocha, vino desde Burgos a Madrid a pie y descalzo con la soga al cuello y atadas las manos hasta llegar a la santa capilla, donde dejo la soga y relacion de todo a 9 de marzo, lo cual renovó el año de 1569 Diego Gudiel de Toledo, rebiznieto de Diego Fernandez de Gudiel".

DOLZ DEL CASTELLAR, Esteban. Finezas de María dispensadas en cada día del año. Tomo I. Imprenta de Joaquín Verdaguer, Barcelona. 1849. Pp. 479-482


DÍA 10 DE MARZO

Celebrando Córtes en Burgos el rey D. Enrique, llamado el enfermo, año 1364 sucedió que hallándose Diego Fernandez ele Gudiel, procurador de la villa de Madrid junto con otros cinco compañeros, procuradores de Córtes, vovióse en la casa en que vivían una acalorada pendencia, resultando de ella que fuese asesinado un caballero. Ofendióse mucho el Rey de tal atentado, y cometió la causa á quien con toda dilijencia y rigor la examinase. Hízose asi , y por los indicios y algunas declaraciones de los de la casa la culpa recayó sobre Gudiel y sus colegas, siendo todos seis sentenciados á que se les cortase la cabeza. Al tiempo de leerles la sentencia, abrió Gudiel unas horas del oficio de nuestra señora que llevaba, de donde sacó una estnmpa de la milagrosísima imájen de Atocha, y arroclillándose dijo: bien sabéis, Señora, mi inocencia: confieso que mis pecados merecen mayores castigos; asi es que si ellos son la causa de todo, me arrepiento sinceramente; pero no me abandoneis, piadosísima Señora, que yo os ofrezco, si me librais de este trance, ir á visitar en esta misma forma de sentenciado y á pié descalzo vuestra capilla de Atocha.

Vino la hora de la ejecucion, y los presuntos reos fueron llevados al cadalso. Al pasar por una de las calles de la carrera, por casualidad se hizo encontradizo con ellos un hombre muy principal en la corte, llamado Romano, que á la sazon era contador mayor del rey. Viendo él en tan infeliz estado á Gudiel su amigo, determinó presentarse al rey para suplicarle clemencia en su favor, y rogando al juez que se fuese deteniendo, porque se iba a solicitar el perdon, marchóse á toda prisa á verificarlo. Apersonóse pues con el soberano: representóle la conducta irreprochable y el ánimo noble y bondadoso de su amigo, siendo tantas las razones con que le abonó, que al fin persuadióse el monarca que verdaderamente estaría inocente, y le perdonó. En testimonio de su real palabra le dió su anillo para llevarlo al juez , á fin de que diese libertad al agraciado. Corrió contentísimo, como es de pensar, el Contador hácia el cadalso: prsentó el real anillo, y reconociéndolo el juez, obedeció prontamente el real mandato. No obstante Fernandez que era de espíritu jeneroso, reclamando interiormente á la
santisima Vírjen, le dijo: Señora , si bien os agradezco mucho el favor que me haceis, pues solo Vos habeis podido mover los corazones de mi amigo y del monarca, con todo habiendo de morir estos mis compañeros que no tienen mas culpa que yo, no quiero valerme del perdon , y así con vuestra licencia diré a1 juez que prosiga la ejecucion de la sentencia. Pareciéndole entonces que la santisima Virjen apoyaba en su corazon su intento, comunicó al juez lo que resuelto había, y volviéndose a sus compañeros les dijo: amigos fiel es mios, no hay razon para que acompañándome vosotros en la inocencia, deje de acompañaros yo en el suplicio. A tan jenerosas palabras siguieron abundantes lágrimas de ternura de todos los circunstantes, los cuales encantados por la heróica accion de Fernandez, compadecidos de la triste suerte de aquellos infelices, rogaron al contador que volviese otra vez al rey para pedír el perdon de todos. No se hizo de instar el magnánimo caballero,
y viéndose con el rey, le contó cuanto había sucedido, enterándole al mismo tiempo del interés
que todo el pueblo tomaba por los seis sentenciados á los cuales juzgaba inocentes. Pronunció el monarca el perdon jeneral , y estendiéndose el real decreto, se envió á todo correr un criado que lo llevase al juez. Llegó el mensajero, cuando los sentenciados se hallaban ya en el patibulo; y comunicando al majistrado la órden del monarca, dejóse en libertad á los inocentes caballeros, quedando el pueblo regocijadisimo. Conoció Fernandez que la Madre de piedad era quien la habia usado con él, y confesólo luego á la presencia de todos, dando las gracias á nuestra Señora de Atocha. El dia siguiente partió de Burgos a cumplir su voto con la soga al cuello, a pié descalzo y atadas las manos. Llegó al santuario, y moviéndose todos los circunstantes á devocion y á compuncion de sus pecados con aquel espectáculo tan fúnebre, él publicó á la faz de la multitud el beneficio que acababa de recibir, dejando allí la soga para perpetua memoria, y haciendo pintar y escribir todo el suceso en una tabla que se pusiese en la santa capilla. Colocóse efectivamente, y en ella ha durado mas de doscientos años, como lo atestigua el autor de la historia de nuestra Señora de Atocha en la primera imprésion que de la misma se hizo, corriendo el año ·1604·.

PIFERRER I FÁBREGAS, Pau. Recuerdos y Bellezas de España. Volumen  IV. Castilla La Nueva. Imprenta de Joaquín Verdaguer, Barcelona. Pág. 106. 1853

La historia de Gracian ó García Ramirez estaba pintada en la capilla, sin que sea esto una prueba de su autenticidad; de otra no menos interesante hacia fé una tabla. Sucedió durante las cortes de Burgos de 1374, que asesinado en una reyerta el infante D. Sancho hermano del rey, era con otros llevado al suplicio como reo Diego Hernández de Gudiel procurador por Madrid, y saliéndole al encuentro mosen Romano judío madrileño le alcanzó gracia, la que él no admitió hasta que se hiciese ostensiva á todos sus compañeros; y entonces con la soga al cuello fué á dar gracias á la santa imagen. No menos propicia fué la mediación de esta para con el mismo rey Enrique II á favor de Hernán Sánchez de Vargas que defendió contra él el alcázar de Madrid.

JIMÉNEZ, BENÍTEZ, Jose J. Atocha. Ensayos Históricos. Tomo I. Madrid, 1891. pp. 121-123

He aquí el suceso histórico, y el lugar en que había de tener efecto un acontecimiento, que resonaría en los muros sagrados de la Iglesia de Atocha, siendo su principal protagonista el procurador de la villa de Madrid, regidor de la misma, Diego Fernández de Gudiel.

Damos principio por la cita del más moderno de los historiadores de España que se ocupa de la reunión de las Cortes en Burgos. En esta ciudad, dice Lafuente, fueron reunidas las compañías y los pendones de Castilla, al llamamiento de D. Enrique.

«Allí perdió la vida, por un incidente casual, el Conde de Alburquerque  D. Sancho, único hermano que había quedado al Rey. Habíase movido una riña entre soldados de dos cuerpos; acudió D . Sancho vestido con armas que no eran suyas á apaciguar la contienda , y un soldado, sin conocerle, le dio una lanzada en el rostro, de la cual murió aquel mismo día.»

Tamaña desgracia llevó al ánimo del Re y y del hermano a indignación de su justicia, que amenaza fulminando sus rayos en aquellos en cuyo domicilio tuvo origen la contienda, que así terminara con la sangrienta muerte de D. Sancho.

Hallábase entre los que aparecían culpables, el noble procurador de la villa de Madrid Fernando de Gudiel; y aunque su inocencia era muy obvia, fué preso y condenado á muerte, "sin haber conocimiento de la causa".

El ánimo cristiano del regidor de Madrid imploró del Cielo su protección; confió su defensa á la que en ardiente amor siempre invocaba, llevando consigo una Imagen de la sagrada Virgen María de Atocha. Su voto fué ferviente: "postrado de rodillos, con tiernas y afectuosas lágrimas prometió, que si le libraba, vendría á visitar su santa Casa de la manera que le sacasen á ajusticiar, á pie y descalzo..."

Llegó el momento para él tan supremo de la ejecución; y cuando atraviesa por "calle tenebrosa" que conduce al patíbulo, fija su mirada en Mosén Romano, contador mayor de Castilla, el que interpone su acción ante la justicia, hasta que el Rey otorgue la gracia de la vida de Gudiel.

En señal de la gracia otorgada, entrega el Rey al contador mayor su regia sortija; y confirma la merced el respostero que envía á la vez el Rey al lugar del suplicio. De parte del Rey, entregadme á Fernández de Gudiel, dice Mosén Romano; y dirigiéndose al sentenciado, exclama: "Señor: el Rey os hace merced de la vida por mi suplicación. Grande es la merced que me hacéis, contesta el Gudiel; no voy en tiempo de podéroslo pagar; pero mando á mis hijos y a los que de ellos vinieren, que hagan con vos y con los vuestros lo que vos hacéis conmigo. Estos caballeros vinieron a ayudar á defender mi posada; habernos estado juntos en una campana; nunca plegué á Dios que yo los deje en este camino". La gracia fué general y extensiva también á los que acompañaban al ferviente devoto de la Virgen de Atocha, Diego Fernández de Gudiel.

Dávila, Gil González, D. Tomás Vargas, que atestiguan la veneración con que era mirada esta santa Imagen de María en la villa de Madrid, no rechazan la narración de este hecho; aunque algunos autores no están contestes en la fecha del acontecimiento.

En la historia de D. Enrique II, según dice Cepeda, se lee lo siguiente: «Estando el Rey D. Enrique en Burgos esperando campaña y gente de armas, llegó allí el Conde D. Sancho, que era su hermano; resolvióse una pelea en el barrio sobre las posadas á San Estevan, y el Conde salió por los despartir vestido de todas armas, y un hombre no le conociendo dióle con una lanza por el rostro, y luego á poco de hora finó aquel día, etc., etc., y esto fué á 19 de Marzo de 1374.»

Concuerdan, pues, en el año y fecha Garivay, Colmenares, Mariana; y conviene con el orden en que lo expone, en el tomo VII, pág. 337, en la Historia general de España, el autor citado Lafuente. Afirma este historiador la época y circunstancias del suceso en Burgos; no pudiendo extrañar el que, al hablar de las Cortes convocadas por D. Enrique en aquella ciudad, no refiera los nombres de los procuradores de las ciudades ó villas, allí reunidos, y que omitiere, al hacer mención de la causa de la muerte de D. Sancho, el que fué, como decíamos antes, "por un incidente casual".

Que la villa de Madrid tuviese representación ó voto en Cortes sin ser ciudad, es evidente, como confirman Garivay en la historia Compendio de Castilla, en donde aparece la villa de Madrid con su representación en las Cortes de Alcalá en 1349; y el Obispo historiador D. Francisco Tello en su Teatro de Felipe II, 1577, dice: «y si la ciudad de Soria tiene voto en Cortes, también lo tiene la villa de Madrid sin ser ciudad."

En cuanto á la segunda parte de este suceso, de importancia especial para este libro, ó sea, al cumplimiento del voto religioso hecho por Diego Fernández de Gudiel con la Iglesia de Atocha, quedan testimonios que dan vigor, no de leyenda verosímil o admisible, sino de fundada historia.

Fr. Gabriel Cepeda alcanzó en su época á ver en la Iglesia de Atocha la memoria estampada en tabla, que refería con detalles circunstanciados el suceso; y Pereda en su Patrona de Madrid, y la tradición hablada, dan testimonio de la edificante humildad cristiana del devoto Gudiel, viniendo a la Iglesia de Atocha descalzo y hasta con la cuerda al cuello en penitente actitud de rendir hacimiento de gracias a la Virgen por haberle otorgado la gracia de librarlo de la muerte.

Tiénese por cierto, dice Fr. Juan de la Cruz, que alcanzó la época de la Iglesia de Atocha, anterior á la institución de religiosos Dominicos, tiénese por cierto que Dios otorgaba inmensos beneficios á los que se encomendaban a su divina Madre en tan santa Casa; de que quedan allí, en aquel Santuario, testimonios perennes de las ofrendas, en hábitos, muletas, etc., etc., como señales de haber obtenido
singulares gracias.

Catálogo de la "Colección Pellicer" antes llamada "Grandezas de España", Tomo III. Real Academia de la historia, Editorial Maestre, 1958. Pág. 256

La "relación del prodigio" aparece referida en el catálogo con el núm. 232

Entronque de Diego Fernández de Gudiel con el matrimonio Maldonado y Macanaz

Las tres primeras generaciones obtenidas de Gerónimo de Quintana, y a partir de Diego Gudiel de Toledo hasta María César Gudiel de Vargas, obtenidas de autos judiciales sobre el Mayorazgo del Molino de la Hoz, 1777. Las generaciones más actuales están contrastadas con numerosa documentación oficial.

Diego Fernández de Gudiel ∞ Constanza de Toledo 
Diego Fernández de Gudiel
Francisco de Gudiel ∞ María de Toledo 
Diego Gudiel de Toledo  María II de Vargas
Francisco Gudiel de Vargas  María de Herrera
Luis Gudiel de Vargas ∞ Luisa de Herrero Barnuevo 
Francisco Gudiel de Vargas  Antonia de Monzón y Zúñiga
Juan Gudiel de Vargas  Juliana Ramos de Castilla
Antonia Gudiel de Vargas  Luis José César Scazuola y Merlo de la Fuente
Juan Nicolás César Gudiel de Vargas  María Luisa González Álamo
Manuel César Gudiel de Vargas  María Manuela Bueno
María Jesús César Gudiel de Vargas  Tomás Manuel Lorenzo de Pedrosa
Isidra Lorenzo de Pedrosa y César Gudiel de Vargas  Pedro Macanaz y Macanaz
María Luisa Macanaz y Lorenzo  Joaquín Zeferino Maldonado de Guevara y Gimeno-Bayón

Autor: Rafael Delgado Maldonado de Guevara
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